La aventura autónoma de una mujer en 1969, el sacrificio de una familia y dos generaciones peleando por un ideal de buen comercio
La familia Arcos Navarro está hecha de otra pasta. Son comerciantes de los que apenas quedan en el paisanaje de nuestras ciudades. Su establecimiento, Droguería-Perfumería y Complementos Dori, se fundó en enero de 1969 en la entonces calle Refugio, 48 (hoy calle Ángel, 2) de Ciudad Real, en pleno barrio del Perchel, por una avezada y emprendedora mujer, Dori Navarro Fernández, ayudada por su marido Antonio Arcos Gascón, fogonero primero -de los que paleaban el carbón en la caldera del tren- y maquinista después, de la RENFE.
Con muchísimo sacrificio, entrega y visión de futuro ante la posibilidad de dejar un futuro profesional a sus hijos (como así ha sido), esta primera generación de Droguería Dori desarrolló una encomiable labor y supo dejar un legado que hoy, 57 años después, continúa y se mantiene intacto en manos de la segunda generación, ya con la denominación Droguería-Perfumería y Complementos Dori e Hijos.

Los inicios fueron duros, sólo se cerraba los domingos por la tarde. Dori atendía la tienda, situada en los primeros años enfrente de la ubicación actual; a la familia y a sus tres hijos, Antonio, Ángel y Adoración. Mientras tanto, su marido ayudaba cuando podía en el negocio si no era avisado de que tenía que conducir un tren a Badajoz, a Madrid u otros destinos, con noches en vela de por medio.
En un espacio de 40 metros cuadrados, Dori despachaba sonriente y atenta a todo lo que necesitaba su clientela, que poco a poco fue siendo fiel. “Se vendía de todo, era una tienda multiservicio, hilos, agujas, bombillas, juguetes, lámparas, tornillos, hasta se hacían las macetas para los Santos…; en droguería y perfumería no faltaba Ariel, los jabones Lagarto, o los productos de Heno de Pravia o La Toja, había un poco de todo, no había chinos ni supermercados como ahora”, nos cuenta Ángel, actual responsable.
Reseñable era la venta de productos a granel, como el detergente o la sosa, vendidos a mitad de cuarto; las esencias de lila, nardos o violeta, o la colonia, considerada un artículo de lujo, “algunas clientas traían el envase y pedían 5 pesetas, y con un dosificador se les medía y expendía la cantidad solicitada”.
Durante catorce años, Dori Navarro llevaba todo para adelante. Sus hijos, sobre todo Antonio el mayor, le ayudaba en la tienda, que fue objeto de dos ampliaciones en la primera ubicación, hasta llegar a los 70 m2, “hicimos hasta de albañiles”, recuerda Ángel. Cabe recordar que Antonio y él tenían 16 y 10 años cuando se abrió el local, por lo que, de un modo u otro, estuvieron vinculados al negocio, aprendiendo y empapándose de las técnicas de venta de su madre.

A mediados de los 80, Dori da el relevo a su hijo Ángel, (Antonio ya estaba colocado y su hija Dori era aún pequeña), por lo que decidió renunciar, en favor de su segundo hijo, a todos sus años cotizados como autónoma, “fue muy generosa, eso solo lo hace un padre o una madre”, indica el beneficiario.
En 1994 se trasladan enfrente, hoy calle Jacinto, 5. Su hermana Dori llega poco después, en 1996-97. La tienda se va modernizando y actualizando apremiada en parte por los nuevos tiempos de la droguería y perfumería, nada granel, todo envasado, y productos nuevos, con marcas tan reconocidas como Margaret Astor, Max Factor o Ultracolor. Desde entonces, hace 32 años, Ángel y Dori trabajan codo con codo, atendiendo a su clientela, algunas de ellas hijas de aquellas primeras vecinas atendidas por su madre, con incontables referencias en droguería, perfumería, cosmética y complementos. Y todo “con boli y papel, aquí no hay ordenador ni informática, ni se hace inventario; todo está aquí”, remarca Ángel señalándose la cabeza con el dedo índice.

Desde 1994 hasta 2026, varias han sido las etapas vividas en Perfumería Dori, como los años 2000, de buena venta; la pandemia del Covid-19, en la que la Policía Local quiso cerrar el local aduciendo que no eran esenciales, “finalmente tuvimos que desmontar la zona de los complementos, pero abiertos, estábamos abiertos porque, según el epígrafe de Hacienda, nosotros prestamos un servicio necesario”. La peor etapa, “la actual, sin duda”, asevera Ángel, “ha cambiado el hábito de compra, la gente gasta más de lo que necesita, el 70 % de la venta ya es online…; nosotros estamos rodeados de tres supermercados, solo viene la gente del barrio y no toda, porque cargan el carrito y se olvidan. Antes, sin embargo, se compraba lo que hacía falta, como pasa aún con algunas señoras del barrio que vienen a por lo que necesitan y nada más”, apunta.
En la actualidad, Dori y Ángel, jubilado en activo, continúan atendiendo en el mostrador, bajo la protección y la mirada de Jesús Medinaceli y de la Virgen del Prado, a la espera de que, quizás una tercera generación, se haga cargo de Perfumería Dori, siguiendo la estela de su abuela, como otro nieto ha continuado la de su abuelo Antonio siendo maquinista. “Lo difícil lo hicieron nuestros padres, ellos fueron los artífices y son los pilares de esta perfumería, nosotros mantenemos los valores y la tradición, por lo que sólo nos queda pelear, pelear y pelear, y no rendirnos nunca cual quijotes”, concluyen.
Texto: Oliva Carretero Fotos: Cedidas por Perfumería Dori