
Raúl Fernández Sánchez / Colaborador BM Caserío
A veces nos dejamos llevar por el brillo del marcador o la tensión de los minutos finales en el Quijote Arena. Sin embargo, en nuestro club, la verdadera fuerza se construye de lunes a viernes, en el silencio de los entrenamientos y en la ambición de quienes sueñan con vestir nuestra camiseta en la máxima categoría. Este pasado mes, ese trabajo invisible ha dado un paso al frente.
Hemos puesto en marcha La Almazara. El nombre no es casualidad; buscamos ese proceso de refinamiento, de cuidado extremo por el producto de nuestra tierra. Todos los miércoles, nos encerramos con un grupo pequeño, nunca más de veinte chicos y chicas de entre 12 y 16 años, para trabajar bajo la mirada de Santi Urdiales. No buscamos cantidad, buscamos detalle. Queremos que nuestros jóvenes jugadores sientan la corrección cercana, el consejo técnico preciso y la filosofía de un entrenador que nadie mejor que él sabe lo que cuesta llegar arriba. En Santi vemos reflejado todo lo que este club representa. Él pone cara a nuestra humildad para trabajar sin estridencias, al respeto sagrado por el rival y a esa ambición sana que nos empuja a querer llegar siempre un poco más lejos En esas sesiones de miércoles, estamos moldeando el carácter de lo que será el Caserío del futuro.
Esa apuesta por la formación nos ha traído el pasado mes una visita de las que marcan una carrera. Durante los días de Carnaval, aprovechando que las aulas estaban cerradas, pero nuestro balonmano no descansa, hemos tenido la suerte de compartir pista con Manolo Cadenas. Hablar de Manolo es hablar de una leyenda viva de nuestro deporte. Su currículum asusta: ha dirigido al Ademar León, al FC Barcelona, al Wisla Plock polaco y ha sido seleccionador nacional de España, Argentina y Egipto.
Pero más allá de los títulos, lo que nos ha impresionado ha sido su generosidad. Ver a un técnico de su calibre dirigiendo los entrenamientos de nuestra escuela, corrigiendo a los más pequeños con la misma pasión que si estuviera en una final olímpica, ha sido una lección para todos. No se limitó a la pista; mantuvimos una reunión con todos los entrenadores de la base para que Manolo compartiera su experiencia y esas buenas prácticas que lo han mantenido décadas en la élite. Salimos de esas charlas con la maleta llena de ideas y la convicción de que estamos en el camino correcto.
Y como el trabajo bien hecho siempre termina asomando, la alegría nos ha llegado en forma de llamada internacional. Tres de nuestros jugadores -Carla, Rodrigo y David- han sido convocados por la Real Federación Española de Balonmano. Se van una semana de concentración al Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sierra Nevada. Es un orgullo que se nos escapa del pecho. Ver a tres chicos que crecen con nosotros codearse con la élite nacional en las montañas granadinas es el mejor premio que podíamos recibir como club.
Ellos tres son la punta del iceberg de un trabajo que hacemos entre todos. Nos demuestran que, con esfuerzo y la guía adecuada, los sueños que nacen en nuestra escuela pueden llegar tan alto como ellos quieran. Seguimos trabajando, seguimos formando y, sobre todo, seguimos creyendo en los nuestros. Porque en este club, el futuro ya ha empezado a entrenar.
¡Vamos Caserío!