La historia de El Progreso es la historia de superación de un pueblo, de la sana ambición de sus gentes por crecer, por mejorar, por progresar. Villarrubia de los Ojos, con unos diez mil habitantes, puede presumir, y presume, de poseer la cooperativa más antigua de España con actividad ininterrumpida desde su fundación en 1917. Así lo reconoce el Ministerio de Trabajo en un documento firmado en 1979, la única que no se ha disuelto jamás, pese a los años críticos de la Guerra Civil española en los que muchos agricultores tuvieron que dejar de cultivar la tierra.
Si eso no bastara, sus cifras de vértigo, labradas a pulso cosecha tras cosecha a lo largo de estos 106 años, dan también buena cuenta de sus méritos, capacidad y tesón. En el presente, El Progreso lo forman más de 2.300 socios, que aportan una cosecha de entre 80 y 100 millones de kilos de uva al año y entre 7 y 10 millones de kilos de aceituna. Es de las tres entidades más potentes de su zona y participa, en un 60%, en uno de los más competentes holdings empresariales del sector oleovinícola de la región: Vidasol, con 5 sociedades y más de 4.500 asociados.
Antes de 1917, el mapa vitivinícola en Villarrubia se ceñía a pequeñas bodegas privadas en las viviendas, por lo que en años de mayor oferta que demanda de uva, se dificultaba la venta de producto. Ese motivo llevó a un grupo de 35 agricultores a crear una cooperativa, bautizándola como El Progreso, diferenciándose de otras sociedades de comienzos del XX nacidas bajo el amparo de sindicatos católicos, sea San Isidro, la Virgen de la Inmaculada…

Estatutariamente, nos cuenta el actual presidente, Jesús Julián Casanova, la sociedad se fundó el 1 de marzo de 1917, con 365 acciones de 100 pesetas cada una, es decir, 36.500 pesetas de capital social, siendo Francisco Fontecha su presidente fundador. Un total de 15 presidentes han decidido qué camino seguir en estos 106 años, aunque es destacable que, en más de la mitad de la trayectoria -55 años- sólo ha habido 3: José Zamora (1966-1996) que fusionó las cooperativas villarrubieras; Cesáreo Cabrera (1996-2018) que inició la reforma de instalaciones, y Jesús Julián Casanova, desde 2018, que trabaja en la modernización de la bodega.
En 1967, 50 años después de la fundación, El Progreso se fusionó con dos cooperativas surgidas más tarde en Villarrubia: La Manchega y La Labradora. Aquella disponía de molino de aceite, lo que derivó en una nueva línea de negocio dedicada a molturar aceituna y a elaborar aceite de oliva virgen extra. Dicha fusión se produjo bajo el mandato del presidente José Zamora que, además, presidió la Caja Rural de Ciudad Real. En opinión de Casanova, “aquella fusión era necesaria, tener varias cooperativas dentro de la misma localidad, con participación de los socios en varias de ellas, desvirtuaba el crecimiento”.
Casualmente 50 años después, en 2017, en el centenario, se produjo la integración de El Progreso en el grupo Vidasol o cooperativa de segundo grado, conformada por Oleovinícola Campo de Calatrava de Bolaños, Cooperativa Los Pozos de Daimiel, Santo Cristo del Prado de Madridejos (Toledo), y Alta Alcarria de Valdeolivas (Cuenca), con vinos de DO La Mancha, Vinos de la Tierra de Castilla, y aceites de Montes de Toledo, Campo de Calatrava y Alta Alcarria.

Espíritu de crecimiento y mejora de la calidad.- La diversidad y riqueza de los terrenos en el triángulo de Villarrubia de los Ojos, Las Labores y Arenas de San Juan confieren una calidad especial a los caldos de El Progreso. Si a eso se le añade las ganas de crecimiento, la innovación en tecnología y la mejora en calidad, el resultado sólo puede ser positivo. La exigencia llega hasta el mínimo detalle, mentalizando a los socios “de recoger las mejores y más sanas uvas mientras se invierte en la tecnología adecuada para obtener el vino que se desea”, comenta Casanova. Cada año sus vinos reciben varios galardones merced a la participación en certámenes nacionales e internacionales por países como Bélgica, Alemania, China… Entre los últimos galardones, en Japón, medallas de oro de la DO La Mancha, o en Fenavin 2023.
A lo largo del tiempo, El Progreso ha comercializado su vino a granel, y venta en garrafas de 8 o 16 litros. La auténtica revolución de la cooperativa se produjo a partir de los 90, con la modernización de instalaciones, la apertura global a mercados internacionales y el impulso al envasado. Hoy en día, El Progreso envasa 4,5 millones de litros de vino, en botella, bag-in-box y pet, lo que supone el 7 u 8% de la producción, de 60 a 80 millones de litros de vino.
El Progreso suma un total de 150 referencias, con 10 marcas propias y otras tantas que envasa a terceros, tanto tintos como blancos, eco y veganos, baja graduación, espumosos y gran formato. Ojos del Guadiana y Viña Xétar son sus buques insignia; en ecológicos, Medianiles; y de un segmento más competitivo Astrum, Azareño y Huerto de Palacio.
La almazara de El Progreso también ha experimentado un crecimiento importante. A la fusión de 1967 le siguió una segunda en 2018 con otras cuatro cooperativas del sector oleícola. Según campaña, la producción se sitúa entre 1,5 y dos millones de aceite de oliva virgen extra, de los que entre 250 y 300 toneladas se comercializan bajo la marca Premium Algaraba de olivos milenarios; aceite El Progreso de cosecha temprana, Olirrubia y Medianiles.

Es destacable su responsabilidad social corporativa con sus premios anuales Ojos del Guadiana, certámenes y eventos solidarios.
Los retos futuros pasan por incrementar, si no el número de socios, sí la cantidad de cooperativas asociadas para ganar tamaño y volumen, “el objetivo es un crecimiento en ventas de dos dígitos, más del 10% anual, manteniendo nuestra inversión en tecnología gracias a las ayudas recibidas de la administración que nos han permitido un buen posicionamiento”, concluye Casanova.
Sirva este pequeño reportaje de homenaje a todos los hombres y mujeres que pusieron, ponen y pondrán su fuerza y pasión por un Progreso fuerte, unido y puntero.
Texto: Oliva Carretero Ruiz Fotos: Cedidas por El Progreso