El 20 de marzo cumplió tres meses desde que salió al mercado y ya ha revolucionado el país entero, cosechando una fama allá por donde pasa y por donde pisa. Quien diga que de Ciudad Real al mundo eso solo lo hizo Don Quijote, se equivoca.


De momento, Mariuca, la tarta de queso de Ciudad Real, ya ha figurado en las grandes pantallas de Times Square de Nueva York, ha sido la reina en Madrid Fusión, en Sabores del Geoparque, se ha hecho viral en redes sociales, y distribuidores y adeptos andan como locos pidiéndola por toda España. En 3 meses se han vendido casi 4.000 unidades de cuatro formatos distintos. Algo impensable para su autoras: María Aragonés y Carmen Gloria Aranda, tristemente desaparecida. Por la estrecha amistad que les unía, la repostera, gerente de Inigual, ha creado un concepto único, ayudado por su pareja, Juan Francisco de Dios: una tarta hecha con queso manchego de ovejas de raza manchega, presentada en cajitas de madera similares a donde se guardaban los quesos antiguamente, con un simpático etiquetado de una oveja con gafas de sol, rematado con un lazo que emula el pañuelo de yerbas y conteniendo un cómic de la historia de la tarta. Y la han bautizado con las iniciales de María, ‘Mari’ y de Carmen, ‘Ca’, y una ‘u’ que une a Mariuca, nombre usado por los pastores para sus ovejas rebeldes.


El secreto de la tarta no es tal: “conseguir la textura y una buena receta, siendo generosos en el uso de buenos ingredientes”, dice María. Aunque, añade, “Mariuca es una experiencia que traspasa lo gastronómico y se erige en símbolo de la identidad y tradiciones de Ciudad Real”. Toda una declaración de intenciones que comenzó con quesos Don Apolonio, y ahora son varias las queseras de la provincia que sirven de ingrediente para este dulce identitario que, según el queso utilizado, le aporta un matiz u otro, añadiéndole aún más valor. En fin, María solo busca el buen posicionamiento de una tarta artesanal hecha por y para Ciudad Real, “mi sueño es que cualquier turista que llegue a la ciudad la pida”. No le pierdan la pista a Mariuca. Si Cervantes levantara la cabeza… la habría incluido en su universal obra sin dudarlo.