Desde el más grande al más pequeño, todos los establecimientos de hostelería son importantes. Este mes traemos en este espacio un pequeño local de la calle Alarcos en Ciudad Real, frente al edificio de los sindicatos, llamado Little Bar.


Pequeño pero matón, como diría aquel, ya que lleva abierto la nada friolera cifra de 23 años. Su dueño actual, Agustín Arévalo, señala que la clave de mantenerse al pie del cañón es el día a día, trabajando por las necesidades de los clientes, muchos de ellos fijos, fundamentalmente trabajadores de los sindicatos y funcionarios del edificio de servicios múltiples. Un local sin trampa ni cartón, chiquitito, en el que caben 25 personas “apretadas; no engañamos a nadie, ya el nombre lo dice todo”, arguye Arévalo, pero con muchísimo encanto donde por encima de todo fluye sincera amistad entre hostelero y clientes.


Little Bar abre en jornada laborable de lunes a viernes, de 7,30 horas a cuatro de la tarde. Sirve café y desayunos por la mañana y tapas a mediodía, comidas no. Permanece cerrado los fines de semana.


Si pasas por allí no dejes de probar su bizcocho casero en el desayuno, su clientela fija no deja de pedirlo; además de sus tostadas, montados de lomo o tortilla. A la hora de la caña, es de ley pedir su famoso ‘quesito’, queso envuelto en una masa de hojaldre con miel, “es lo más típico y de mayor éxito del local”. Pero en Little Bar también se pueden pedir hamburguesas o diferentes tipos de empanadillas de atún, salmón, anchoas…, “vamos cambiando cosas para que la gente disfrute”, señala Agustín, que atiende presto a todos sus clientes incluso a esta Revista.