
Mónica Sánchez de la Nieta / Presidenta de Anpe Ciudad Real
Cuando hablamos de educación, la mayoría de las personas pensamos en el colegio, instituto o la universidad. No obstante, existen numerosos estudios tanto pedagógicos como científicos que coinciden en que una de las etapas más decisivas para el desarrollo humano ocurre antes incluso de que los niños y niñas aprendan a leer y escribir. Durante los primeros años de vida se produce un crecimiento cerebral extraordinario. El estudio Retos en la educación entre 0 y 3 años, elaborado por Educo, señala que en este periodo se crean millones de conexiones neuronales que serán determinantes para el aprendizaje posterior, el lenguaje, la capacidad de concentración o la gestión emocional. El acceso temprano a experiencias educativas de calidad favorece el desarrollo integral del alumnado y mejora notablemente sus competencias futuras.
Los beneficios de la escolarización temprana son numerosos y los niños y niñas que acceden a programas educativos de calidad antes de los tres años suelen obtener mejores resultados académicos, presentan menores tasas de abandono escolar y desarrollan más habilidades sociales y emocionales. Además, esta inversión tiene efectos positivos a largo plazo sobre el empleo, la integración social y la igualdad de oportunidades. Por ello, garantizar una red pública accesible y de calidad es una herramienta esencial para reducir desigualdades desde la infancia.
La educación infantil de 0 a 3 años ha sido tradicionalmente percibida como una medida de apoyo a la conciliación familiar, es decir, un espacio de cuidado. Sin embargo, es una etapa clave para el desarrollo cognitivo, emocional y social de niños y niñas. Desde el ámbito profesional de la educación, se constata que esta etapa no se limita a la atención asistencial, sino que implica procesos educativos estructurados basados en la observación, la estimulación temprana y el acompañamiento respetuoso del desarrollo infantil. En este contexto, el papel de los profesionales de la educación es fundamental para garantizar entornos seguros, afectivos y enriquecidos que favorezcan el desarrollo integral.
Asimismo, en los centros de educación infantil se desarrollan competencias esenciales que constituyen la base del aprendizaje posterior: la autonomía personal, la regulación emocional, la socialización, la convivencia, la atención, la comunicación y las primeras habilidades cognitivas. Estos aprendizajes se adquieren principalmente a través del juego, la exploración y la interacción, respetando siempre los ritmos individuales de desarrollo del niño.
Otro elemento fundamental de esta etapa es la posibilidad de detectar de manera temprana posibles dificultades en el desarrollo del lenguaje, la comunicación o la maduración global. La observación sistemática y la coordinación entre profesionales y familias permiten implementar intervenciones precoces que mejoran significativamente las trayectorias evolutivas del alumnado.
En España, el acceso a la educación infantil continúa siendo desigual. Muchas familias no acceden por motivos económicos, especialmente aquellas con rentas medias y bajas. En Castilla-La Mancha se está desarrollando un importante Plan de Escolarización en esta etapa, ya se han superado las 3700 plazas gratuitas en nuestra provincia, de las cuales más de 1300 plazas corresponden al tramo de 2 a 3 años. Existen 64 centros de titularidad pública repartidos por la provincia, pero es necesario seguir aumentado y abrir centros educativos en las zonas rurales para facilitar la conciliación familiar, combatir la despoblación y favorecer que las familias jóvenes puedan permanecer en sus municipios con acceso a servicios educativos de calidad.
En definitiva, la educación infantil de 0 a 3 años merece ser reconocida como una etapa esencial y no secundaria. Detrás de cada aula hay profesionales comprometidos que acompañan a los niños en uno de los momentos más importantes de su vida. Apostar por la infancia es apostar por una sociedad más humana, más justa y con más oportunidades para todos.