
Luis Menchén Fernández-Pacheco / Farmacéutico Comunitario.
Vicesecretario de la cooperativa de
distribución Farmacéutica BIDAFARMA
La historia de la distribución farmacéutica en nuestro país, va ligada indisolublemente a dos hechos, el modelo sanitario español y el cooperativismo.
La prestación universal del recurso fundamental que es el medicamento dentro de nuestro sistema sanitario público, marca unas necesidades y equilibrios para garantizar la eficiencia.
No es desdeñable lograr que un mismo medicamento pueda estar con la misma frecuencia de entrega y el mismo coste, en sitios tan dispares como el centro de Ciudad Real o la farmacia de Solana del Pino.
Es necesario tirar un poco de la historia para comprender aquello que por ser comúnmente aceptado no despierta inquietud. En los años 20 del pasado siglo, las circunstancias socioeconómicas llevaron a una situación en la que no se garantizaba que todos los lugares dispusieran de la gama completa de medicamentos, y además con el peligro de costes diferentes y criterio eminentemente mercantilista.
Frente a esto los farmacéuticos, inspirándose en fuentes tan aparentemente dispares como el asociacionismo obrero y la doctrina social de la iglesia católica, optaron por una solución, la fundación de las cooperativas de distribución farmacéutica que cien años después, evolucionando, demuestran su fortaleza, valía y actualidad.
Es de destacar el valor que supone el control de profesionales farmacéuticos de todo el proceso de distribución, desde que sale el medicamento del laboratorio fabricante hasta que llega a las manos del paciente a través del establecimiento sanitario más cercano, que es la oficina de farmacia.
También lo es la garantía de la distribución equitativa, a todos los lugares, con la frecuencia de varias veces al día, al mismo precio y con una independencia que modula la presión meramente comercial.
Pero nuestra propia existencia como cooperativas de economía social sanitaria, además garantiza la preponderancia de la persona sobre el capital, el hecho de que el volumen de ventas no vaya en contra del aseguramiento de la importancia territorial, logrando que el entorno de nuestros almacenes se convierta en un foco de creación local de actividad y fijación de población. Todo ello fundamentado en la gobernanza democrática que legitima la fórmula un socio, un voto, con la vocación de compromiso de sostenibilidad, eficiencia energética, innovación tecnológica y gestión ética del trabajo.
La distribución cooperativa farmacéutica luchará por multiplicar estos cien años de vida a mayor beneficio de la sociedad de nuestro país y el mantenimiento del sistema de salud.