Francisco José Izquierdo Barba / Farmacéutico comunitario de Socuéllamos

Imagina que tu cuerpo es un guardia de seguridad en un club exclusivo. Su trabajo es detectar amenazas y expulsarlas. El problema es que, con las alergias, este guardia se vuelve demasiado paranoico y empieza a echar a personas completamente inofensivas, como el polen, los ácaros… en definitiva, reacciona exageradamente ante sustancias que, en realidad, no son peligrosas. Esto provoca que aparezcan síntomas molestos como estornudos, picazón, lagrimeo, dificultad para respirar o incluso reacciones graves como la anafilaxia. Técnicamente hablando, la alergia se define como el estado de hipersensibilidad adquirida por la exposición a un alergeno particular, en el cual la nueva exposición ante dicha sustancia va a desencadenar una reacción anormalmente intensa. La alergia no es una enfermedad hereditaria, pero es cierto que los alérgicos pueden transmitir a sus descendientes la predisposición a desarrollarla. Cuando uno de los padres es alérgico, su hijo tendrá alrededor de un 40% de posibilidades de padecerla, y si ambos progenitores lo son, el riesgo es del 70%. No debemos confundir los síntomas de alergia con los del resfriado. Nos puede ayudar a determinar que es alergia la aparición de picor nasal, estornudos abundantes y continuados, mucosidad acuosa (en el resfriado los mocos son más espesos), y afectación ocular. Hasta el momento no se ha conseguido curar la alergia, y los tratamientos utilizados tienen como objetivo aliviar sintomatología. Los medicamentos más empleados son los antihistamínicos que, alivian síntomas, como el picor y la secreción nasal, los estornudos y la conjuntivitis, y resultan efectivos para todo tipo de alergias. Otro tratamiento es lo que comúnmente se conoce como «vacuna de alergia´´ que consiste en administrar al paciente un extracto del alérgeno responsable de la enfermedad, con la finalidad de inducir la tolerancia necesaria para controlar la respuesta alérgica. En los casos en que esté indicada, se considera el único tratamiento capaz de modificar el curso natural de la enfermedad.

Las alergias son molestas, pero con las precauciones adecuadas, no tienen por qué arruinar tu día.

Más importante que el tratamiento es intentar evitar la exposición al alergeno. Para ello se pueden seguir algunas recomendaciones básicas:
1. Mantener las ventanas y puertas de la vivienda cerradas durante el máximo tiempo posible, ventilando tras la caída del sol, cuando la polinización es menor. Con 5-10 minutos es suficiente.
2. Cuando viajemos en coche, procurar hacerlo con las ventanas cerradas y colocar un filtro para pólenes en el aire acondicionado.
3. En los casos más severos, conviene evitar, salidas al campo, los parques, jardines o zonas de abundante vegetación. Debe evitarse especialmente el césped.
4. Intentar no realizar actividades al aire libre durante los días con mayores niveles de polinización o realizarlas durante las últimas horas del día o durante la noche, cuando los niveles de polen suelen reducirse.
5. Utilizar gafas de sol para proteger los ojos.
6. Para evitar los ácaros del polvo, usar la aspiradora en vez de la escoba y prescindir de alfombras, moquetas y cortinas, que acumulan polvo.
7. Y por último utilizar mascarilla, es fundamental.