Los gatos tienen alrededor de 470 papilas gustativas, mientras que los humanos tenemos unas 9.000. A diferencia de la mayoría de los mamíferos, los gatos no pueden percibir el sabor dulce. Esto se debe a que carecen de un gen funcional (Tas1r2) que codifica uno de los receptores necesarios para detectar azúcares. Así, aunque prueben algo con azúcar, no lo sienten como “dulce”, sino como un sabor neutro o extraño. En su lugar, el paladar felino está adaptado para percibir mejor los sabores asociados a su dieta natural: proteínas, aminoácidos, grasas y ciertos ácidos. Por eso, lo que realmente atrae a un gato de un alimento “dulce” suele ser la grasa o el olor a leche, no el azúcar en sí.
No perciben el sabor dulce