Raúl Fernández Sánchez / Colaborador BM Caserío

La tradicional gala de presentación de la temporada no fue una más, fue un acto en el que nos miramos todos a los ojos -jugadores, técnicos, directiva, cantera, instituciones y, sobre todo, vosotros, nuestra afición- y reafirmamos qué somos y a dónde queremos llegar. Desfilaron en el escenario con orgullo todos los equipos que forman el Caserío, desde los más pequeños hasta nuestro primer equipo, que este año, como todo el mundo sabe, vuelve a codearse con la élite en la Liga Asobal.

Entre otras cosas, presentamos la nueva camiseta con la que defenderemos estos colores, anunciamos el lanzamiento de una tienda con productos oficiales del club y, algo que al club le hace especial ilusión, presentamos un premio para proyectos solidarios, porque creemos que el Caserío también debe seguir siendo motor social de Ciudad Real.

La gala se inició con las palabras de nuestro presidente, Julián Amores, el cual lo recalcó con claridad: “Esta temporada ya es histórica”. Pero, sobre todo, lo que más se palpaba en el ambiente era la ilusión. Esa mezcla de respeto y ambición con la que afrontamos este reto. Podemos afirmar que es el punto de partida perfecto: la confirmación de que no estamos solos, de que detrás de cada pase, cada gol y cada esfuerzo hay una ciudad entera empujando.

En el plano deportivo, el estreno oficial en la Liga Asobal llegó en Irún ante un Bidasoa que demostró por qué es uno de los equipos más potentes del campeonato. Competimos bien en la primera parte, llegando al descanso con empate, pero en la segunda mitad ellos impusieron su ritmo y acabaron llevándose el partido por 32-25. Fue un golpe de realidad, pero también una lección útil: aquí nadie regala nada y cada detalle cuenta. ¿Quién dijo que sería fácil? Nosotros no, seguro.

Sin embargo, no nos vinimos abajo. Eso no está presente en el ADN Caserío. El regreso del Caserío a la máxima categoría en el Quijote Arena fue sencillamente inolvidable. Ante más de 3.000 personas, vivimos una tarde que nos recordó por qué amamos este deporte. El partido fue muy igualado, y durante muchos minutos fuimos por detrás en el marcador, pero el equipo no dejó de creer. En los minutos finales, con una defensa intensa y el empuje del público, conseguimos remontar y llevarnos la victoria por 25-23.

Fue un triunfo especial por lo que significaba: nuestra primera victoria en Asobal en casa y la confirmación de que, con esfuerzo y fe, podemos competir con cualquiera. Además, este partido consolidó un dato del que estamos especialmente orgullosos: la afición amarilla es hoy la más numerosa de la liga, con cifras récord que superan incluso los 3.400 asistentes.

En la tercera jornada recibimos al Ángel Ximénez Puente Genil en un duelo que tuvo todos los ingredientes. Mandamos buena parte del encuentro, incluso con ventajas de cinco goles, pero en la recta final se nos escapó el control. Ellos crecieron desde la defensa, aprovecharon nuestros errores y acabaron llevándose el triunfo por 27-31. Duele perder partidos así, sobre todo en casa, pero son experiencias que nos ayudan a crecer. Como dijo el míster Santi Urdiales, “hay que aprender a cerrar este tipo de encuentros”.

Así arranca nuestro camino en la élite: con momentos brillantes, otros que nos recuerdan lo duro que es este nivel, pero con una ilusión intacta. A todos los que habéis llenado el Quijote, a quienes nos seguís desde cada rincón y nos hacéis sentir vuestro apoyo: gracias. Este proyecto es más grande que nunca y no tiene sentido sin vosotros. Vamos a seguir peleando cada balón, celebrando cada gol y aprendiendo de cada derrota. Porque juntos, Caserío es mucho más que un club: es Ciudad Real en lo más alto.

¡Vamos, Caserío!